lunes, 31 de octubre de 2011

Tópicos literarios

Educación e novas tecnoloxías

Numerosos estudos demostran que o uso nas clases de encerados dixitais, internet e ordenadores pode mellorar o ensino, crear outra dinámica pedagóxica e unha maior participación do alumnado no proceso de aprendizaxe, mellorar a autoestima do alumnado e o traballo cooperativo do profesorado. E eses mesmos estudos sinalan que a mera informatización das tarefas escolares só implica un cambio superficial na adquisición de coñecementos se detrás no hai un auténtico cambio no sistema pedagóxico e unha boa formación do profesorado nas tecnoloxías da información e a comunicación (TIC) nas aulas.

A utilización das TIC nas aulas esixe outra maneira de enfocar as clases, de estar nelas, de dirixir e coordinar o traballo do alumnado, de corrixir os exercicios e valorar a adquisición de coñecementos. Diversos proxectos e probas que se están realizando en España, como o Proxecto ABALAR en Galicia, axudan a perfilar a profundidade do cambio que supón o salto a unha escola que aposte polo uso cotiá da tecnoloxía do século XXI. É un cambio que levará o seu tempo e que aquí, como en moitos outros países, están explorando algúns centros.
O IES Ramón Mª Aller Ulloa está dentro do Proxecto ABALAR desde o curso 2010-2011 e na súa paxina web pode verse o Espazo TIC que dedica á relación entre as TIC e a docencia.
Na rede tamén podemos atopar moitas páxinas onde se poden atopar moitos recursos para as distintas materias:
- http://www.zonatic.org/recursos/: esta páxina é unha recopilación dos recursos educativos que hai dispersos pola rede,  clasificándoos por categorías como materias, nivel educativo , tipo de actividade, etc
- http://www.ite.educacion.es/: páxina do Instituto de Tecnoloxías Educativas do Ministerio de Educación, responsable da integración das TIC nas distintas etapas educativas non universitarias

domingo, 16 de octubre de 2011

Introducción al Romanticismo

El Romanticismo es un movimiento cultural y literario que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XIX, tanto en Europa como en América. Dicho movimiento supone una reacción total a la razón impuesta por el Neoclasicismo, dando prioridad a los sentimientos, a las emociones, a la fantasía y al ideal.
En España, dadas las circunstancias políticas del país, el Romanticismo, propiamente dicho, tuvo escasa duración, llegando a su máximo apogeo en torno a 1835. Hubo un segundo Romanticismo hacia 1860, gracias a las dos grandes figuras que más adelante veremos: Bécquer y Rosalía de Castro.


1. Ideología

La mentalidad romántica se caracteriza, en líneas generales, por lo siguiente:
• El deseo de libertad, que se manifestará en la lucha del hombre romántico contra el absolutismo, en el rechazo a las normas hasta ahora vigentes y en su deseo de manifestarse libremente.
• El fuerte individualismo que se observa en el hombre romántico, reflejado en una fuerte personalidad, así como en el sentimiento de creerse el centro del universo.
• El idealismo, que es el motor del romántico en busca de cumplir deseos inalcanzables a veces, relacionados con la patria, el amor o la justicia.
• El desengaño, provocado por no poder alcanzar dichos ideales en la realidad en la que viven, lo que provoca la evasión, e incluso el suicidio.

2. Características literarias

En la literatura romántica se refleja la forma de ser del hombre romántico y se manifiesta a través de las siguientes características:
• Aparición de los protagonistas que se encuentran al margen de la ley o que no aceptan las normas de la sociedad: el mendigo, el pirata, el verdugo, el cosaco, el reo, etc.
• La mezcla, en poesía, de distintas formas métricas e, incluso, del verso y de la prosa.
• La ruptura, en teatro, de las reglas de las tres unidades (tiempo, lugar y acción), recuperadas por los neoclásicos, la mezcla de lo trágico y lo cómico, la desaparición de la verosimilitud y el carácter moralizante, el final trágico, la aparición de elementos extraños, etc.
• El gusto por el ambiente nocturno, tenebroso, la aparición de una naturaleza violenta y desatada, relacionada con el sentimiento exaltado del romántico.
• La fuerte personalidad de los personajes.
• La ambientación de las obras en lugares exóticos o lejanos en el tiempo, derivada del gusto por la evasión.
• El poco aprecio a la vida, que se observa en la aparición de la muerte e, incluso, el suicidio.
• La aparición de elementos fantásticos, muchas veces relacionadas con el sueño y el subconsciente.

El arte romántico








El Romanticismo puede entenderse como la "primera vanguardia en la Historia del Arte", se inaugura la entrada en una nueva época, la nuestra:

El arte deja de regirse por la doctrina del Clasicismo.
El objetivo principal del arte no es la belleza, sino la expresión y sentimientos que pueden abrir horizontes mucho más amplios.
Emerge un deseo de que aparezca lo nuevo, insólito, oculto, reprimido, en una palabra, lo sublime, lo que está más allá del límite. Esta ansiedad provoca mucho más placer estético que la belleza.
Prima la subjetividad en detrimento de lo objetivo. Por medio del arte se intenta expresar el mundo interior del artista, aunque para ello haya que recurrir a mundos oscuros, penumbras o sueños.
Cobra importancia el tema de la magnitud. Se siente el mundo como algo inabarcable a lo que el hombre es incapaz de llegar. Esto genera un sentimiento de inferioridad y una angustia ante las fuerzas incontrolables de la Naturaleza.
Impera la Historia Nacional. En el Romanticismo se alza el orgullo de las lenguas locales, las raíces profundas de los pueblos natales. Se buscan los orígenes remotos de lo primigenio.
Amor a la Edad Media y sus valores: ruralización, feudalismo y por lo general, todo aquello que rechazaba el racionalismo ilustrado.







Hay un vivencia profunda de la religión.
Se impone el gusto por todo lo exótico. Se valora lo distinto, de ahí que la mirada se fije profundamente en mundos orientales.








La música romántica

La incidencia del Romanticismo en la música no es tan aparente como en la literatura. La propia característica mucho más abstracta de las expresiones del arte musical - sobre todo considerando que se trata de expresiones esencialmente instrumentales - no hace tan perceptibles algunos de los elementos típicos y característicos del Romanticismo; por lo menos en buena parte de las obras producidas en el período considerado como dominado por las concepciones del romanticismo.
El nacionalismo es, sin duda, un componente natural del romanticismo; pero aunque existen sin duda expresiones musicales clara y a veces sistemáticamente nacionalistas en algunos autores de la época, en otros casos esas características no pueden considerarse predominantes o generales en sus obras. Algo similar puede decirse en cuanto se refiera a los aspectos formales, tema en el cual resulta mucho más dificultoso advertir peculiaridades en las obras musicales del período romántico.
De tal modo, la frontera que separa lo que pueda denominarse como período clásico del período romántico en la música seria resulta bastante borrosa. Puede considerarse, por ejemplo, que Beethoven se apartó del clasicismo ya en sus Sonatas para Piano, algunas de ellas claramente de formulación romántica como su maravillosa “Appasionata”; y algunas de cuyas sinfonías - como la Novena, Coral, que incluye la “Oda a la Alegría” de su compatriota Schiller - también se inscriben claramente en el Romanticismo. Pero no es menos cierto que varias otras de las grandes obras de Beethoven no tienen similares características, sino que están más cerca del clasicismo musical.
Las expresiones nacionalistas del Romanticismo musical son bastante más claras. Por supuesto, una de las más destacadas son las de los músicos rusos, como Peter Tchaiskowsky en su célebre “Obertura 1812”, conmemorativa de la derrota del ejército de Napoleón en las estepas rusas, donde se identifican claramente fragmentos de “La Marsellesa” y de melodías tradicionales rusas, así como se incluye entre los instrumentos el disparo de cañones; o sus músicas para ballet “El lago de los cisnes”, “Cascanueces” o “Scherazade”. Corriente en la cual se inscriben, en la música española, Granados, Albéniz y De Falla.




Lo propio ocurre en algunos autores claramente románticos, con los elementos resaltantes del sentimiento y la introspección subjetiva, utilizando frecuentemente fraseos musicales de canciones populares o folklóricas, o asociando las piezas musicales, en la forma del poema sinfónicos, con conocidas obras literarias de corte romático; como ocurre con otras como el noruego Edward Grieg y su “Peer Gynt” o su Concierto Nº 1, o con las de los alemanes Franz Schubert, Robert Schumann y Johannes Brahms.
La “Romanza sin palabras” de Félix Mendelssohn tiene una específica referencia romántica en su propio título; y por cierto que muchas obras musicales del período son designadas genéricamente como “Romanzas”, entre ellas numerosas obras de Beethoven escritas para violín.
En el orden formal, consolidada la corriente del Romanticismo musical, se advierten innovaciones tales como desarrollos más libres e imaginativos de la melodía, y el empleo de tonalidades y formas de modulación también novedosas. Una de las características de este tipo, es la mayor extensión de las obras como se manifiesta en las sinfonías de Mahler, Brahms y Brückner. La forma musical más cercana al romanticismo literario, es la enorme expansión del poema sinfónico, ampliamente cultivado por autores como Ricardo Strauss, Franz Liszt y Paul Dukas.
Otra característica remarcable del período romántico en el orden musical, lo constituye el virtuosismo; que determina la aparición de obras, a menudo escritas por ejecutantes eximios del instrumento solista; como Nicolò Paganini con el violín en sus famosos y dificilísimos Conciertos, el piano en el “Concierto para la mano izquierda” de Maurice Ravel, y también en las “Rapsodias Húngaras” de Franz Liszt, que no omitió el toque de humor originado en su famosa gran nariz, de escribir una obra que en cierto momento requiere usarla para poder pulsar una tecla en el piano.
Probablemente el punto culminante del romanticismo en materia musical lo constituye el desarrollo de la ópera, caracterizada por la conjunción de “todas las artes” al decir de Richard Wagner; de las cuales se sindica como la primera “El cazador furtivo”, de Carlos María von Weber; y abundan otros ejemplos como las del propio Wagner, “Carmen” de Georges Bizet y muchas otras.